lunes, 23 de abril de 2012

LAS VOCES DE CARLOS SAA.



CARLOS EDUARDO SAA nació a las cinco de la tarde, en Vallenar, a la entrada del desierto. Escribió el primer poema a los ocho años de edad, titulado "Compañera Soledad". Desde 1962 se contacta con poetas nacionales en el restaurante "El Bosco", la SECH y otros lugares de Santiago. Actualmente conduce "El Rincón del Juglar" en Cerro Castillo, Viña del Mar. Sus poesías han sido publicadas en diversas antologías nacionales e internacionales. El poema "Préñame, mujer", de excelente acogida, ha sido recientemente publicado por la Universidad de Hidalgo, México, junto a "De Teseo y Minotauro".

En “Sueño en Hiroshima” los luminosos sueños de un niño –acaso el poeta en su infancia en áridas tierras norteñas- estallaron en mil esquirlas de muerte. Desde ese instante comenzará un largo peregrinaje de amor y poesía. Con la virilidad de un Teseo, el hombre enfrenta sus miedos, anhelos y frustraciones. La poesía es el arma, “elixir de sus recuerdos”, para vencer al Minotauro. Mas, eliminarlo es también autodestruirse, negar lo que se es. Reflexiona en “De Teseo y Minotauro”: “en esta eterna brega me asesino con mi propia espada, pero nunca muero.”

Cuando el corazón “Detiene su rítmico camino y ahora ya descansa”, escribe en “Voces del Templo”. El vate se solaza con la Musa “Bebiendo el agridulce néctar de sus labios, / Recogiendo la ebriedad de sus palabras / Blancas resonando en la fuente del cerebro”

Carlos Eduardo Saa canta  en “Préñame, Mujer” a la imposibilidad del varón de dar a luz una vida; ruega a la que ama aunque sea “una mirada de tus ojos de fuego”. El amor será la leche que alimente al hijo, además de los frutos edénicos; quien también libará lágrimas de soledad, por la ausencia de la madre. Ese hijo es tan imposible como la mujer y está unido a él “como soldado por la fragua de Vulcano,  / en el Olimpo.” La Musa que lleva por nombre cuatro letras, ha fecundado en el poeta este “soñado hijo” llamado poesía.

La arena de su infancia, en “La Aurora de la Vida”, una vez fue “Santificada por la huella / Del Nazareno” mas el humano cerró sus puertas. Sin embargo “El hijo de Dios no desvió / Su camino, continuó / Sembrando sanidad”. Del mismo modo, parafraseando al salmista, el poeta seguirá sembrando con lágrimas los versos que un día cosecharán la gloria con regocijo.

Iván Tapia Contardo



PREÑAME, MUJER
Preña, mujer, mi corazón con tan solo
una mirada de tus ojos de fuego,
para que yo sueñe el húmedo beso
que nunca me dará tu boca.
Dame el hijo que ha de llorar en mis entrañas
y que amamantaré con este loco amor que te
                                                      tengo.
Lo alimentaré con brevas, manzanas
y membrillos del huerto que añoro,
Edén para este hombre solo.
Lágrimas serán su dulce leche que no ha de
                                                       libar 
de los pechos que jamás serán suyos ni míos.
Préñame, préñame, ya, imposible mío;
abro mi cuerpo para recibir al hijo que pasearé
por parques, calles y ríos. Irá de mi mano
                                                      prendido
como soldado por la fragua de Vulcano,  
                                               en el Olimpo
                                            
Sólo yo lo veré, porque será siempre un 
                                                   sueño                                                  
sólo yo escucharé su voz de niño preguntando
por la madre que lo regaló a mi destino.
Entonces rasgaré mi pecho, le abriré
mi corazón y verá tu rostro, te besará los ojos
y juntos gritaremos tu nombre, cuatro letras,
cuatro letras, como Amor y el vino.
Préñame, ya cariño, que cuando yo muera,
este amor, dulce tortura que por ti siento,
lo ha de continuar, eterno,
         nuestro soñado hijo.


DE TESEO Y MINOTAURO
Si en algún momento la luz de su mirada
me rescató de la siniestra curva trazada por el hierro,
ahora, rechazado en los umbrales de su casa y de su 
                                                                   huerto,
precipitado retorno al espiral del sangriento Minotauro.
Yo, transformado en varonil Teseo, lo enfrento con el coraje otorgado por el elixir de sus recuerdos.
Lucho con denodada fuerza y al ocaso logro el Toro 
                                                                  vencerlo.
Mas la victoria es apenas un nuevo comienzo.
Mi espada yace solitaria en el ensangrentado suelo,
y con pavor compruebo que soy también el Toro 
                                                                yerto.
Movidos quizás por qué sortilegio, Teseo y Minotauro
renacemos para renovar la lucha que vuelve a estremecer los solares de los muertos.
Por siglos se derrama la sangre de los contendientes,
sangre líquida y coágulo repetido en el ruedo
                                                        de mi infierno.
Así, la simetría del duelo. Afuera brillan dos soles
preñando las rosas del firmamento;
adentro, apenas la argentina chispa del acero buscando, fiera, suave vaina en mi pecho.
Desgarrando el cuello del Toro cerceno mi garganta,
una y otra vez, así, por la eternidad de los días,
muriendo y renaciendo. En cada nacimiento, gozo
la alegría de re-ser guerrero. Mas, efímero el contento;
la infausta metamorfosis repite el odio en el toro
                                                         y en el hombre. 
                                                           
El regalo de la luz cae y pasa a ser mazmorra
de mi eterno infierno, donde ya no penetra
la claridad de mis dos perdidos luceros.
Retornamos a lid, y en esta eterna brega me asesino con mi propia espada, pero nunca muero.
Otros textos del poeta en http://poetas-amigos.blogspot.com/2012/04/prename-mujer.html