jueves, 7 de enero de 2010

EN VIAJE CON LOS FANTASMAS DE LETICIA MORA,


Norma Leticia Mora, esta Leticia –“cuarta inscripción, entre seis hermanos”- o Normy, como prefiere ella ser nombrada, nos presenta un proyecto poético sustentado en sus vivencias como activa escritora, madre, ciudadana de una Humanidad “hinchada de desgracias” y, sobre todo, como mujer.

La imagen de la vida reflejada en un largo viaje en tren, en que las estaciones marcan ciertos hitos, es muy propia de los creadores chilenos, influidos tal vez por una extensa geografía y esa acentuada inclinación nuestra al peregrinaje. Puede haber cuatro o más paradas en el itinerario de una existencia, mas siempre será uno solo el tren, el vehículo que transporta al pasajero. Es indudable que, en el caso de nuestra poeta, el vagón más seguro para contener sus sueños, alegrías y dolores, es la Poesía.

Los ciento treinta y tres poemas que conforman el libro, se han repartido en cuatro secciones cuyos títulos son Fuga, Abismo, El Amor y Regreso (El Viaje con los Fantasmas). Cada una articula un grupo de textos (33, 35, 34 y 31) en torno a un concepto eje, el cual se anuncia en el epígrafe de cada capítulo. No precisa una rigurosidad matemática la clasificación lírica, ya que es propio de la vida que siempre estemos volviendo… el tiempo es circular (Volver con los Gorriones) Desfilan ante nuestros ojos los fantasmas de Leticia Mora, seres diversos, sencillos, puros, algunos demonios, bailando al ritmo de una cueca con flautas en re mayor (Como que me Río)

La primera parte, Fuga, nos habla de una huída con dos características primordiales. Ocurre al término del año, cuando ya se ha transitado una larga jornada y es preciso cambiar el rumbo; hay un equipaje de recuerdos, rostros y paisajes que se dejan atrás, en este “Deletreo lento con hombres y con mujeres”, primer memorial en que se le “estremecen las vértebras, / espaciosos vientos me apañan.” En segundo lugar, ocurre de noche: “Tomé el tren nocturno. Fin de año… / Veintitrés años transcurrieron, desde / los bosques hasta el Aconcagua.” La noche es la mejor cómplice de una fuga.

Desconocemos los detalles autobiográficos y no nos incumbe como lectores, pero el relato del alma es profundo y comunica más que un registro vivencial. Cual collage de ojos, manos, pies calzados y descalzos, esquinas, decisiones, dichos y hechos, se va conformando la galería de retratos y acontecimientos, como en aquella impresionante “Epopeya de diez años.” La noche es óptimo clima para revivir los miedos, alimentar los anhelos y esconder las pasiones.

La segunda estación se nomina Abismo y corresponde a la descripción de un manojo de sentimientos. No nos distraigan los nombres, son sólo un pretexto del destino para llevarnos por senderos de amor y dolor. En breve tiempo partió aquél con nombre de viajero, ese que incendió sus naves, se alejó llevándose todos los sueños por veredas ajenas y lejanas. Toda la savia poética, la leche que alimentaba a los suyos, fue derramada. Entonces tomó la poeta el árbol sagrado y lo esparció por el mundo. Escuchemos como lo canta, a su modo: “A los pocos días partió Hernán. / Los sueños a otras veredas, / derramé leche de mis pechos, esparcí / canelo en los Cuatro Continentes.” La partida, como en la epopeya de Homero, otra vez genera un relato poético salpicado de héroes y actos sin par: “Alma Grande Gandhi”, “Las sandalias de los monjes” (Birmania); “Lamentos” (de África), “Rodrigo Anfruns”, etc.

El tema básico de la tercera estación es El Amor: “En abril me habitó el amor. / Partió de nuevo el tren (norte interior) / Por las calles, serenatas y tambores.” Llega el amor en otoño y nuevamente emprende su viaje el tren creativo. Mas, lo que un día es, llega a ser un “Fue. / Tú y yo hemos perdido el mirarnos a los ojos, / arriesgar los segundos .Una mesa. / Solos. O con los hijos. / El temblor de nuestras manos / el íntimo aroma habido en nosotros / mi cuerpo de tu lado se ha ido. / La emoción de octubre cuando / abrías la puerta. Se ha ido. / Y lo que nunca estuvo / también. / No hay que esperar más / las cinco de la tarde.”

La cuarta estación, titulada Regreso, es un reencuentro en “místico vagón” con los sentimientos familiares. “Te fuiste padre” es la confirmación de que todos necesitamos la seguridad de un Padre. Éste, “Almíbar-madre” y “Partió solo”, conversaciones con los ancestros, son deudas que sólo se pagan en la Poesía. Destacan también en este capítulo: “Lluvia” que presenta una interesante diagramación en que los versos parecen ser inflados por la fuerza del viento; “Lentejas del Convento”, una divertida receta culinaria; y “Autorretrato”, en que declara su doble vocación de maestra y poeta, “Por unos cuantos años, dicto clases sacerdotales, / Escribo versos en la gratitud del silencio.”

Su palabra entreteje todos los aspectos de la vida. Los poemas son nubes venidas del Parnaso, la poesía es un cielo que envuelve su espíritu. Hay un eterno noviazgo entre la poeta y las letras; entre éstas no hay unión ni separación, sólo hay libertad. A veces los poemas serán telas deshechas por el viento (Nubes de la Tarde)

No teme utilizar el número y las medidas físicas de tiempo o temperatura (Quietos por Esta Noche). Su lenguaje puede abrirse a formas que alguien podría catalogar como extra poéticas y a voces de registro diverso, tales como “empoderar”, ”estrógeno”, etc. Los datos biológicos son tan naturales para ella, como truenos y relámpagos. Une sustantivos y forma nuevas palabras, las que bailan, se enredan, cimbran, juegan (Qué Negra Salió la Noche). Algunos textos presentan una visualidad interesante, al presentarnos distintas posibilidades tipográficas de la escritura (negritas, cursivas, fuentes diversas) –especie de caligramas- para destacar ciertos sustantivos o verbos, y expresar así nuevas ideas a partir de ellos (Están aquí, Cineasta sin flash, En vuelo, Protesta, Centrípeto, Carnaval de amor, Juego del silencio, Regreso a casa, Lluvia, Por Avenida Alemania). Otras veces nos desafía con versos paralelos (Lluvia al Vuelo).

En “Centrípeto”, une sustantivos y forma nuevas palabras, dando a luz: “almasola”, “amisdaocuadro”, “amistadodulces”. En este texto y en otros, suele pintar sus poemas, para establecer un clima cálido o gélido, como cuando el rojo de los leños más el amarillo de aromos y trigales, hacen de “Ulises Entre mis Brazos” un poema altamente apasionado. Con abrigo azul se pinta el personaje invernal de “Sin Año”.

Si el amado es Ulises, ella es la Penélope, el Ángel de los peñis, que teje versos ¿Habrá urdido ella la bufanda roja? En “Simple”, como tiemblan las hojas del ciprés, tiemblan también los labios de los amantes.

En su transparencia nos cuenta sus deletreos poéticos; el origen, nacimiento y vida de Leticia. … (Deletreo, Leticia, Autorretrato) Por último, en idéntico tono íntimo, nos comparte su recetario sureño (Lentejas del Convento a la Mesa).

Destacan en la presente publicación aquellos trabajos que denotan un fuerte compromiso social con su mundo. Denuncia el machismo, la guerra, la miseria, la injusticia, el desastre ecológico, el maltrato a los niños y a las minorías… Es capaz de vadear la memoria y cruzar el río de la individualidad para sumergirse en los dolores del planeta.

Estamos seguros que “Cuatro Estaciones. Un tren” es tan sólo el inicio de un largo viaje literario. Ya en el andén del texto publicado, levantadas las barreras de la intimidad, la poeta se lanza valiente por el carril de la Literatura hacia las desconocidas, apasionantes e inesperadas rutas del la creación.

Probablemente quien lea este libro –si en el orden propuesto por la autora u otro de más agrado al lector, no importa – se sienta identificado con algún personaje o circunstancia y tal vez descubra en él sus propios fantasmas. Es una de las particularidades de la expresión de Leticia Mora.

Ahora, pues, le invitamos a subir al vagón de Leticia y a viajar junto a ella por esta ruta personal y universal, a descubrir una voz poética distinta.

Iván Tapia
Poeta y Artista Visual

Valparaíso, diciembre de 2009.